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Desde que el hombre sintió la necesidad de representar a través de imágenes, lógicamente los motivos recreados fueron aquellos que le circundaban: el propio hombre, animales y objetos con los que convivía, así como la apariencia del espacio que habitaba. Todo ello, en ocasiones de manera aislada y en otras, conformando composiciones de mayor complejidad, que narraban sucesos determinados, ya fueran reales o de su imaginación. Sin embargo, no fue hasta aproximadamente el siglo XVI, que quedaron definidos y reconocidos los géneros en las artes visuales, vinculados, fundamentalmente, a la pintura y a los cuales les fueron conferidas jerarquías asociadas a los temas que los mismos abordaban, siendo entonces la pintura de historia la de mayor reconocimiento, mientras el retrato, el paisaje, la naturaleza muerta, el desnudo y las escenas costumbristas, recibían el calificativo de géneros menores.

Es ineludible la relación de los géneros con el arsenal creativo, a través de la historia del arte hasta nuestros días. Aproximarnos, desde esta perspectiva, a la producción artística más reciente, implica una postura desprejuiciada que permita percibir las múltiples posibilidades en que éstos se manifiestan, aceptando sus capacidades transformadoras, las que le han permitido, mutar ante cada giro epistemológico, readecuándose y poniéndose en función de producir sentidos para cada ecosistema epocal.

Yoandra Lorenzo Ramos
Enero 2021